

Por María Victoria Dentice
mvdentice@tiempoargentino.com.ar
La principal novedad que acerca a los fanáticos de Stieg Larsson el refrito de la película Millenium, es una Lisbeth más humana.
No es que Noomi Rapace no hubiera hecho un trabajo extraordinario en la versión sueca, sino que todos los silencios que le sobraban, la actriz Rooney Mara los insufla de una personalidad desbordante que redefine al ya mítico personaje y lo acerca más al público femenino.
La chica del dragón tatuado sigue siendo la misma historia del libro que los fans ya saben de memoria, entonces como puede ser que parezca otra película? El mérito del director David Fincher es la piel que consiguió crear entre el ex 007, Daniel Craig, aqui periodista venido a menos Michael Bloomkist y la hacker introvertida Lisbeth Salander. Como ya había pasado en la versión original el centro de la película es el vinculo que se crea entre estos dos que en la película original parece más de ternura que de amor (Lisbeth es un tanto autista y Bloomvkist parece conmovido por esa falta de comunicación hacia el mundo, se entienden desde el dolor), pero en la remake es el sexo antes que otra cosa lo que los une. Lisbeth es inyectada por una gran carga sexual y ni pierde oportunidad de coquetear con otras chicas ni se priva de llevar a la cama a Blomvkist.
Lo que me gustaría rescatar de esta remake es que completa más la historia del film sueco, que ya de por si era una excelente película y los acontecimientos se desarrollan de manera pausada, armónica, no hay desenlaces forzados y si bien por momentos puede parecer lenta es porque el director se tomó el trabajo de que cada pieza encaje y cada personaje (principales como secundarios) tengan una razón de ser en cada minuto de la historia. Nada falta ni nada sobra.
Aún asi, vuelvo a decirlo, el alma de la película es Lisbeth Salander. En ese sentido lo que Lisbeth representa va mucho más alla de una película o de un libro y es un legado en el que el hombre ya no puede resolver todo solo (ella es la que guía a Blomkvist como si fuera sus ojos, a través de las pistas que lo llevan a dar con el asesino, es la que lo salva constantemente de los otros y de si mismo). Pero también es la que no duda en castigar a los hombres que maltratan a las mujeres de las formas más sádicas. Es un personaje dual y por eso mismo tan fascinante: la mujer en su doble papel de verduga y redentora del hombre.
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