domingo, 25 de marzo de 2012

American Horror story: una serie para ponerte los pelos de punta


Del famoso y exitoso creador de Glee llega una serie polémica sobre una familia que debe convivir a la fuerza con fantasmas propios y ajenos, reflejando que en realidad lo que más asusta es la perversidad de los vínculos humanos.

Por María Victoria Dentice

Fox estrenó la nueva serie American Horror Story, una creación de Ryan Murphy, el mismo de éxitos como Glee y Nip Tuck, que luego de sus primeros capítulos en Estados Unidos ya levantó no poca polvareda.
Es la primera vez que una serie de televisión se anima a bordear el thriller psicosexual y transgredir los límites de una manera adulta, proponiendo una historia violenta y sobrenatural, a la vez que refleja que -en definitiva- lo que realmente asusta, a fin de cuentas, es la perversidad de los vínculos humanos.
American Horror Story guarda en sí misma todos los elementos para no dejar indiferente a nadie, a partir de las vicisitudes de una familia que se muda de casa luego de que la esposa encuentra a su marido en la cama con otra. Para huir del pasado, compran una nueva casa, y desde el primer momento en que pisan la nueva morada, conviven con los fantasmas de los antiguos habitantes. El detalle es que no lo saben, ni siquiera sospechan que lo son, ya que no llevan sábanas blancas, ni dicen bu. Mención aparte para el fantasma de una vieja mucama pelirroja, que a la esposa se le presenta como una mujer vieja y al marido como una sensual chica en uniforme de trabajo y portaligas, tal y como andaba vestida allá por sus años dorados de juventud, antes de ser asesinada en la habitación donde ahora duermen los tortolitos.
A la par de los protagonistas, el espectador muy pronto descubre que en la casa, no sólo se realizaban abortos clandestinos, sino que se desmembraban los cuerpos de los niños y los conservaban en frascos. Y hay más. Dylan McDermott (ex The Practice), el principal protagonista, es un antihéroe total: es infiel, tiene una doble personalidad que se le representa como un tipo deforme, cercano al enano del Twin Peaks de David Lynch, y un lado oscuro aun más terrible que el de las presencias que acechan la casa.
Ninguno es inocente. No hay lugar para las víctimas, sólo para los victimarios. La hija adolescente se corta las muñecas a escondidas, porque sus nuevas compañeras de colegio la golpean (¿dónde quedó la ternura que Murphy nos obsequiaba en Glee, esa unión cuasi fraternal entre jóvenes inadaptados?); o su madre, que todavía no termina de reponerse de la infidelidad de su marido cuando él ya la está engañando con otra.
Una crueldad intolerable, en eso radica el principal atractivo de American Horror Story: desde la ironía imperdible de los diálogos, hasta esa mezcla fatal entre vivos y muertos que deben convivir a la fuerza en una casa con personalidad propia, pero también en la atroz paradoja de que un personaje muerto le diga a otro, vivo: "Los dueños anteriores amaban esta casa como a un niño pequeño" (refiriéndose al matrimonio que realizó más de 200 abortos clandestinos en el sótano del lugar). O bien, quizás lo que la convierte en atrapante e irresistible sean las dudas y planteos que se hace a sí mismo todo ser humano, más allá de su condición de vivo o muerto: "Me pregunto si seré capaz de amar o de ser amado de nuevo alguna vez..".

link: http://tiempo.infonews.com/notas/irresistible-combinacion-de-thriller-psicosexual-con-sobrenatural


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